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Factores de riesgo vascular

Bajo este epígrafe nos referimos a todos aquellos factores que van a incrementar el riesgo de sufrir una enfermedad vascular tanto a nivel cardíaco, cerebral o periférico. Considerados como los más importantes la hipertensión, la diabetes, el colesterol y la obesidad, también podemos sumar otros factores, algunos modificables como el hábito tabaquico, el sedentarismo, la mala alimentación, el estrés, la ansiedad, drogas, toma de anticonceptivos orales, interacciones entre medicamentos … y otros no modificables tales como la edad, el género, la raza, los antecedentes familiares y la herencia genética. Con las investigaciones también se están investigando otros factores tales como el virus de la gripe, las infecciones respiratorias y un parámetro sanguíneo (PCR), como marcador de riesgo vascular.

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En la edad avanzada, todos estos factores están englobados en las características específicas del paciente geriátrico. Los síntomas y signos no son tan floridos, están larvados, confusos entre otras enfermedades, efectos secundarios de los medicamentos o cambios fisiológicos ligados al envejecimiento. Una valoración de todos los factores de riesgo, así como una valoración exhaustiva de la enfermedad ya establecida, nos hará enfocar mejor el diagnóstico y tratamiento, conllevando una mejora del bienestar del paciente mayor.

No por el hecho de ser mayor se tiene que padecer enfermedades. Con los cambios acaecidos en el proceso de envejecimiento, sí nos hacemos más susceptibles a riesgo de enfermedades propias de la edad adulta, pero no siempre se desarrollan. Según la teoría de los radicales libres, estos actúan en las reacciones del organismo, provocando fallos en los mecanismos de control y defensa. Se aumentan las probabilidades y si a esto se une otros factores como los citados anteriormente, modificables o no, hacen más probable el desarrollo de una enfermedad vascular.

Se pueden ver afectados varios sistemas del organismo, el que quizás este más asociado es el cardiovascular (cardiopatías, insuficiencia cardíaca, infarto…), junto con el cerebrovascular (ictus, hemorragias cerebrales…), pero también encontramos fenómenos trombóticos (tromboembolismo pulmonar, trombosis en miembros inferiores…), flebitis, hemorragias, úlceras, afectación cognitiva… Es decir, son un grupo de factores sobre los cuales hay que actuar, en los que se puedan modificar o tratar, para mantener una situación basal óptima en el paciente mayor y estos factores se deben tratar en conjunto para que el tratamiento de uno no esté perjudicando a otro y con esa suma provocar un aumento de riesgo significativo.

En el paciente mayor es importante la valoración global, no solo enumerar enfermedades y fármacos, también su actividad física, su nutrición, sus limitaciones, caídas previas, su nivel cognitivo… Si todos los pacientes se deben valorar en todas las esferas, en un paciente mayor, por su complejidad, debe ser la norma existente en una buena valoración.  

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